¿Es esto sólo un «Hasta Luego»?

¿Es esto sólo un «Hasta Luego»?

El 2 de mayo de 2014 doy por finalizado este blog. Ya no habrá más actualizaciones. Los que me seguís ya sabéis donde encontrarme. Muchas gracias por estos años. El que me encuentre ahora, no tardará mucho en encontrarme de nuevo.
Bye bye

2.3.11

De Sagunto a Mérida y tiro porque me toca

Imagen: del blog "del tirador a la ciudad" en El País

Hace ya años (se dice pronto) hice una pequeña entrada defendiendo algo en lo que todavía creo. Era con respecto al teatro de Sagunto... y básicamente consistía en defender la reutilización de los espacios públicos antiguos adaptándolos al siglo XXI, con respeto.
Entonces defendí una obra que le daba un valor añadido al monumento romano, poniéndolo a disposición de una sociedad que se merece disfrutarlo, no como una ruina, sino como lo que es; un teatro. También hablaba de la incoherencia de las leyes de patrimonio y el criterio de los 'expertos' (que no tienen más fundamento que el de cualquier mortal).
Hoy tengo que añadir un tercer aspecto, el de la opinión pública y la necesidad de una educación responsable en patrimonio (también para muchos especialistas).
El nuevo caso que nos ocupa hoy es una plazuela en Mérida. Podéis ver los detalles aquí.
A mi personalmente, me puede gustar más o menos el acabado de la obra. No conozco los detalles de la construcción. Pero defenderé por enésima vez la reconstrucción de un espacio público que volverá a ser aprovechado como en su día lo fue el original con un respeto pocas veces visto para con el patrimonio.
Entonces, se pone uno a leer los comentarios y las palabras 'atentado' ' esquilmado' 'expoliado' y otros -ados aparecen sin control. Entonces me pregunto qué es lo que la sociedad considera expolio, qué es lo que la sociedad está dispuesta a sacrificar por su patrimonio y que pasaría si en lugar de ese espacio se estuviera actuando sobre cualquier otro resto para construir el nuevo estadio del Mérida.
Conclusión: El criterio que se sigue para hacer determinadas intervenciones es totalmente arbitrario y no se rige por ninguna norma. Para algunos, el principio de conservación in situ, e in extremis, es esencial para preservar nuestro pasado. Para otros (entre los que me incluyo), el problema no reside en cuántos restos salvo o cuántos destruyo, sino en la forma de gestionar las actuaciones que se lleven a cabo sobre esos restos.
Me explico. Una mala excavación es peor que una retroexcavadora o una bandada de expoliadores. Detener el desarrollo urbanístico por cuatro piedras, cuatro agujeros o cuatro tejas, roza el absurdo. Y renunciar al uso de espacios públicos por el gusto decimonónico a la ruina es eso, decimonónico.
Hay que diferenciar entre la obra que destruye patrimonio y la obra que integra patrimonio. Si los estudios técnicos se han llevado a cabo con corrección, todo lo que necesitamos saber del sitio ya lo sabemos. Y si desde mañana los ciudadanos de Mérida van a poder disfrutar de un foro contemporáneo integrado en una antigua plaza romana, el patrimonio habrá pasado de ser algo pasado y ajeno, a convertirse en parte de nuestra vida hoy.
1. Documentar > Cumple con la necesidad de la Arqueología como disciplina.
2. Recuperar > Cumple con la responsabilidad de la Arqueología como servicio público.
La mejor intervención consiste en no intervenir. Es la máxima de la Arqueología Preventiva. Cuando tenemos que intervenir, el patrimonio arqueológico no debe ser un escollo para el desarrollo, sino integrarse en él como parte del presente.
¿Por qué tenemos ese miedo a tocar lo pasado? ¿Por qué tenemos esa obsesión por la preservación (que no conservación) de los restos arqueológicos? Son preguntas que no me puedo responder hoy. Pero desde mi humilde opinión, considero que cerrarse en el pasado no es la mejor fórmula para conservarlo y disfrutarlo.