¿Es esto sólo un «Hasta Luego»?

¿Es esto sólo un «Hasta Luego»?

El 2 de mayo de 2014 doy por finalizado este blog. Ya no habrá más actualizaciones. Los que me seguís ya sabéis donde encontrarme. Muchas gracias por estos años. El que me encuentre ahora, no tardará mucho en encontrarme de nuevo.
Bye bye

19.4.13

La arqueología no es para el verano...

Acabo de llegar del pleno de la Asamblea de Madrid en el que se han votado (en contra) las enmiendas a la totalidad presentadas por los tres grupos de la oposición. A la vez, esta mañana conocíamos las enmiendas parciales del PP (6 en total) en las que en vez de tratar el patrimonio modifican artículos referentes a casinos en la ley urbanística. Hoy, Día Internacional de los Monumentos y Sitios, era el marco perfecto para tratar estos temas y me han publicado una opinión editorial en Materia que os reproduzco abajo.
Si la tuviera que escribir ahora, no sé bien qué tono tendría... He intentado ser didáctico, pero después del despropósito de las últimas 24 horas ya no tengo ganas de jugar a la política. El descaro y el cinismo con el que se ha presentado y defendido hoy la ley me sobrepasan. Será hora de ir a dormir...
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(Texto publicado originalmente en Materia, el 18/04/13)

LA ARQUEOLOGÍA NO ES PARA EL VERANO


Tradicionalmente hemos entendido la arqueología como eso que hacen unos chavales con sombrero y pincel durante el verano. He de decir que yo nunca he usado pincel y hace mucho que no me pongo un sombrero, pero las que se conocen como «excavaciones programadas» cumplían en buena medida con lo de la estación estival. Supongo que por dos razones; el buen tiempo y las vacaciones. ¿Por qué? Normalmente estas intervenciones surgen de proyectos de investigación universitarios con una financiación muy limitada. Los profesores y los alumnos están ocupados durante el periodo lectivo y aprovechan los meses de verano para seguir trabajando, normalmente sin sueldo, por el bien de la investigación.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que desde finales de los años ’80 esta situación comenzó a complementarse en nuestro país con otro tipo de intervenciones de un carácter totalmente distinto. Ya no eran un profesor y sus estudiantes dentro de largos proyectos, sino profesionales liberales contratados para cumplir una norma que terminó hinchando otra burbuja junto a la de la construcción. Se le han dado muchos adjetivos; arqueología de contrato, comercial, de urgencia, de salvamento, de obra, etc. cada uno utilizado para resaltar alguna de sus características. El objetivo, era poder documentar yacimientos arqueológicos antes de que una obra acabara con ellos. Con el tiempo, la gestión evolucionó hacia lo que se conoce como arqueología preventiva y trató de adelantarse a estos procesos con controles previos y medidas correctoras. Nunca terminó de funcionar muy bien, pero fue un paso adelante importante en la protección e investigación del patrimonio arqueológico.
Esta arqueología, como decía, tiene poco que ver con la programada. Para empezar, no se hacía sólo en verano, porque la construcción no paraba con el mal tiempo. Además, la universidad nunca se terminó de integrar en un proceso que siempre encontró «sucio». La financiación respondía a la máxima medioambiental del “polluter pays” (el que contamina paga) y eran promotoras y constructoras las que debían hacerse cargo de los costos como parte de las obras. España no suele ser pionera en muchas cosas, pero en esto lo fue. Las recién creadas Comunidades Autónomas no podían asumir la gestión de un ingente patrimonio que crecía con cada seña de progreso. Se querían construir todo tipo de infraestructuras y eso requería demasiados arqueólogos. Por supuesto, ninguna de las administraciones se planteó asumirlos en sus plantillas, por lo que se decidió subcontratar el servicio. Así surgimos muchos de los profesionales que hoy nos dedicamos a esto, como parte de un triángulo amoroso en el que no salíamos bien parados. Contratados por promotores que no nos querían ahí, pero controlados por una administración que se había quedado a medias.
Así llegamos a la crisis, precarios, odiados y al servicio de un sistema que nos convertía en un mero trámite administrativo. Pero, al menos, teníamos la oportunidad de documentar un patrimonio arqueológico que de otro modo estaba condenado a la destrucción, en lo que ha sido siempre una profesión vocacional. Porque, a pesar de que muchos de los yacimientos documentados en los últimos veinte años terminaron igualmente enterrados bajo toneladas de hormigón o directamente destruidos, lo importante, la información que hoy nos hace replantear muchos de los supuestos de la historia tal y como la entendíamos, fue recuperada. Este verano todo puede cambiar.
Y es que las leyes de patrimonio también tienen predilección por la temporada estival. Desde que un 7 de julio de 1911 se promulgó la primera ley que regulaba las excavaciones arqueológicas, la protección fue creciendo hasta convertir a la arqueología en un trámite molesto. Los profesionales de la arqueología llevábamos tiempo pidiendo una regulación más clara de las intervenciones, que incluyera una verdadera arqueología preventiva y estipulara unos mínimos que acabaran con la precariedad del trabajo, no en los sueldos, que eso es otra historia, sino en las condiciones. Incluso encontramos una brecha en la omnipresente ley Omnibus que podía ser de utilidad. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando lo que nos encontramos fue un borrador de anteproyecto que, en vez de fomentar la arqueología preventiva, prevenía a promotores y constructores de la arqueología. Hoy ese borrador es un proyecto firme en la Asamblea de Madrid y otras comunidades comienzan a mover ficha.
¿Cuál es la gravedad de este proyecto? De entrada, que incumple su primer artículo con el resto del texto… no protege, no conserva, no investiga, no difunde y no enriquece. Por no ser extremadamente duro, diré simplemente que todo queda en el aire a merced de la buena voluntad de los constructores, que nunca han tenido demasiado tacto, y la extrema efectividad de una administración que nunca ha sido demasiado eficiente. Más allá, es también grave que contradiga otras leyes de mayor rango, e incluso el informe jurídico que se hizo del texto. Casi todo el texto es mejorable y no sólo afecta al patrimonio arqueológico, seguramente el peor parado, sino también al otro «hijo díscolo», los inmuebles protegidos. Por ello, desde la Asociación Madrileña de Trabajadores y Trabajadoras en la Arqueología, la Sección de Arqueología del CDL de Madrid y Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, llevamos meses trabajando para intentar modificar la ley en un sentido más positivo para la protección, investigación y difusión de un patrimonio que nos pertenece a todos. En ocasiones es preferible quedarse con una ley anticuada, que por cierto, también se aprobó en verano, un 9 de julio de 1998.
El Grupo Popular de la Asamblea de Madrid rechazará esta noche las enmiendas a la totalidad que han presentado todos los grupos de la oposición. Desde luego, viendo sus enmiendas parciales es algo casi seguro y especialmente interesante siendo hoy el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, que se verían gravemente afectados por la nueva ley. Este día no se celebra en Madrid de forma oficial, o al menos no recuerdo más actividades que las que prevé el Ministerio de Cultura y las que hemos organizado desde Madrid, Ciudadanía y Patrimonio. Podría haber sido una forma interesante de promocionar el Plan de Yacimientos Visitables de nuestra región, en el que tanto se está invirtiendo, o de abrir al público otros monumentos representativos de Madrid, que hay muchos. En vez de eso, se ha programado un debate en la Asamblea que marca el principio del fin de la protección del patrimonio tal y como la conocemos.
Hace casi un siglo el Conde de Romanones decía, «ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento». Por desgracia, ni para bien ni para mal nos podremos hacer eco de esto hoy. Es por todos sabido que las leyes se interpretan y que rara vez se cumplen en toda su extensión. La ley del ’98 no era perfecta y permitió desmanes como el del Parque Warner o la Terminal 4, donde decenas de yacimientos quedaron enterrados bajo sendos proyectos de infraestructura de mayor o menos éxito sin mayor trascendencia. El problema de la nueva ley es que la documentación de esos sitios no habría sido necesaria, como no lo será en el macroproyecto Eurovegas. Dicen que simplifica las gestiones, pero no las de los profesionales del patrimonio, sino las de los promotores. Por eso, salvo que alguno de ellos quiera construir sobre un yacimiento ya catalogado (y la Dirección General de Patrimonio Histórico cumpla con los plazos de información), la única arqueología que veremos en Madrid a partir de ahora será durante el verano, siempre que alguien esté dispuesto a seguir financiándola.
Para cometer este atropello se han utilizado dos argumentos fácilmente desmontables; la burocracia y el desarrollo. En lo burocrático sólo hacen falta más recursos, o gestionar bien los que se tienen. Con respecto al desarrollo, la arqueología no es sólo una herramienta de conocimiento histórico, sino también un valor de cohesión social, de educación y de crecimiento. Haciendo bien las cosas, los proyectos constructivos no se detienen, como mucho se retrasan. Pero más allá de esa coyuntura, una buena gestión del patrimonio puede crear riqueza en sectores tan estratégicos en nuestro país como el turismo. ¿Os es que alguien va a Roma por algo que no sea su patrimonio? Los negocios se hacen en Milán. Egipto, Grecia, Perú, China, incluso capitales como París o Londres son destinos turísticos basados en el patrimonio.
Eurovegas pasará con o sin nosotros, que nadie tema por el trabajo prometido. Sólo queremos que pase con nosotros. Con la oportunidad de seguir conociendo nuestro pasado y enriqueciendo el patrimonio madrileño, en consonancia con la legislación nacional e internacional. Porque la arqueología no es sólo para el verano, ni se dedica sólo a parar obras y a excavar. La arqueología es otra de esas actividades de investigación que innova y que produce. No dejemos que nos engañen.
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