¿Es esto sólo un «Hasta Luego»?

¿Es esto sólo un «Hasta Luego»?

El 2 de mayo de 2014 doy por finalizado este blog. Ya no habrá más actualizaciones. Los que me seguís ya sabéis donde encontrarme. Muchas gracias por estos años. El que me encuentre ahora, no tardará mucho en encontrarme de nuevo.
Bye bye

23.9.10

Arqueólogos (pre)parados

No sé si al final esta tarde nos harán una buena entrevista o no. Espero que el resultado sea, al menos, ilustrativo del sector. De todos modos, después de llevar varios días leyendo los artículos y los comentarios de esta nueva aventura de El País, he pensado que no estaría de más escribir esto.
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EL MENSAJE
La crisis nos ha destrozado y ahora los que no estudian están perdidos y los que hemos estudiado sólo tenemos dos opciones: emigrar o suicidarnos.
Parece un mensaje un poco alarmista, pero lo cierto es que se acerca bastante a la realidad de un sector como el nuestro. Sin embargo, la orientación no debería centrarse en los estudios, o al menos de ese modo.
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LA SITUACIÓN
Desde 2007 el trabajo ha empezado a caer en picado hasta unos límites que muchos nunca se hubieran atrevido a aventurar. La inversión en infraestructuras cayó y la burbuja inmobiliaria explotó. Resultado: al igual que en otros sectores afines, los arqueólogos al paro.
En nuestro caso el problema no es estar sobradamente preparados o que se nos caigan los anillos por cargar cajas en una frutería... la arqueología es peor y cuanto más preparados estemos mejor. Es simplemente que no hay trabajo.
Cuando has dedicado toda tu vida a un oficio cualificado y muy especializado (a pesar de que si hay algo que un buen arqueólogo desarrolla son aptitudes para trabajar en lo que sea y como sea), no tienes otra cosa. Yo, personalmente, me siento preparado para ejercer con la mayor eficiencia y profesionalidad muchos trabajos para los que no estoy titulado y otros pocos para los que sí. Eso no sirve de nada en el mercado laborar cuando tu curriculum dice ARQUEÓLOGO y tus dos meses cotizados fuera de la arqueología (cuando todavía no cobrabas por ser arqueólogo y necesitabas dinero para trabajar en verano) son como conserje. Como yo, hay decenas de arqueólogos que has sido fruteros, cajeros, camareros, barrenderos, jardineros y un largo etcétera que no compensa ni de lejos un extenso Currículum dedicado en cuerpo y alma a la Arqueología.
¿Pero por qué no hay trabajo?
Con el boom de finales de los años '90 comenzaron a surgir nuevas empresas y mucha gente que había dejado la arqueología (incluso antes de empezar) se reenganchó aprovechando una época dorada en la que cuando quisieras trabajo lo tenías.
Con el ploff del 2007 nos fuimos casi todos a la calle. Pero habíamos dejado en herencia un mercado totalmente desregulado y saturado.
Ahí subyacen los dos principales problemas de la situación actual.
1. Saturación del mercado: Empezamos por el más sencillo. Cuando tienes 900 intervenciones al año, necesitas muchas empresas. Cuando ya solo hay 400, la mitad sobran. [Y como en los libros esos que tú te inventas la historia, continuaremos con esto unas líneas más abajo]
2. Regulación de la profesión: A pesar de una sentencia judicial que obliga a la colegiación, somos un colectivo con poco espíritu de colectivo. Siempre me ha parecido mentira la cantidad de rencillas que existen, pero es normal en una profesión en la que todo el mundo se conoce y compite hasta el extremo. Sin corporativismo hemos estado siempre con el culo al aire y dándonos palos. Pero es que al igual que Spain is different, Archaeology is different (and new). Con la ley 16/85 las autoridades crearon sin darse cuenta un colectivo de profesionales liberales totalmente nuevo y del que no se volvieron a preocupar. Y pasó como cuando se abandona una casa... nos hundimos. Somos una profesión extraña, que responde a todos los efectos ante la administración como si de un cuerpo de funcionarios se tratara, pero que adquiere los contratos en el libre mercado, directamente con los promotores y constructores a los que estorban. En vez de unirnos y reforzar nuestra posición, nos atacamos hasta límites insospechados con una competencia brutal en un momento sin sentido en el que cualquiera podía trabajar donde quisiera por el precio que quisiera... es obligatorio que nos contraten para poder continuar con las obras. Así, en vez de mejorar las condiciones laborales, estas fueron empeorando en sueldos y calidad hasta que cuando todo explotó un titulado superior con años de experiencia no llegaba a los 1.000 € y acercarse a ellos era ya bueno. Y nos estancamos en ese momento con un exceso de arqueólogos en el que no siempre los mejores conseguían el trabajo (los nuevos salen más baratos y dan menos problemas en el trabajo, que no con el trabajo).
Seguimos desregulados, esperando leyes que pongan un poco de sentido en nuestro trabajo y en nuestra carrera laboral y aunque parece que ya empezamos a salir del agujero la situación sigue siendo igual de insostenible y temeraria.
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LA SOLUCIÓN
Mi solución personal se ha llamado JAS Arqueología S.L.U. pero parece que no le gusta a nadie. Un cambio en el modelo productivo de una profesión que aún no existe a muchos efectos es muy difícil de asentarse.
Por ello tendré que terminar enumerando algunos de los aspectos básicos:
1. Formación [Completado?] > Los arqueólogos españoles somos de los mejor formados, seguramente dadas las dificultades que hemos encontrado por el camino. Este año comienzan los grados de arqueología, la primera titulación de grado oficial que hay en este país al respecto.
2. Regulación administrativa > Las competencias están transferidas a las Comunidades Autónomas, pero como siempre dependientes de una ley nacional obsoleta. La nueva ley nacional lleva años en borrador y ministro tras ministro se bloquea por cosas más importantes como el Cine. Señora ministra... Ni somos tan pocos, ni somos tan estúpidos, ni somos tan prescindibles. LEY YA y buena. Por supuesto esto es un problema de años, pues tras aprobarse la ley nacional, las comunidades comenzarán a modificar las suyas, y por fin, algún día, tendremos reglamentos como el andaluz, que por lo menos ha racionalizado determinadas cosas.
3. Regulación laboral > Quien más quien menos ha trabajado bajo el convenio de minas, de jardines, de oficinas (en el campo!), o de construcción. La labor sindical es estéril por falta de representatividad y de interés. Las condiciones de trabajo son cada vez más precarias y nuestra idiosincrasia arqueológica nos dificulta mucho mejorarlas. Los convenios van llegando... todas las noches le rezamos a mil dioses por ello.
4. Promoción social > Las arqueologías alternativas han traído una imagen bastante distorsionada de la arqueología que poco se corresponde con la realidad. Indiana Jones, Lara Croft, los Picapiedra, J.J. Benítez, Cuarto Milenio... Los medios están saturados de misterios y aventuras, pero no muestran el menor interés por la realidad social. ¿Es que esta arqueología no vende? Tenemos que reconocer como colectivo que nuestro interés por la sociedad ha sido históricamente bajo, pero todos nuestros intentos por tener presencia se traducen en NO, o en reportajes que siguen alimentando todo aquello de lo que queremos huir. Puede parecer una tontería, pero el (re)conocimiento social puede cambiar por completo el mercado de la arqueología.
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LA REFLEXIÓN
Y después de toda esta parrafada, toca la moralina.
A los que dicen que somos unos llorones, me gustaría haberles visto partirse (literalmente) la espalda con un sueldo de mierda o sin cobrar, bajo la lluvia, el frío o el calor más asfixiante trabajando más que cualquier peón de la construcción explotado y sin estudios. Todo eso después de una carrera de cinco años y en ocasiones doctorado. Tratando a la vez de hacer tu trabajo real, que es el de investigación, de publicar, de ir a congresos y de cumplir con tus responsabilidades sin que nadie lo pague, lo valore o lo entienda.
A los que dicen que la solución es la emigración, no les falta razón. Los cerebros harían mejor en irse al Reino Unido o a los Estados Unidos, donde quien más quien menos tiene oportunidades de prosperar académicamente. Pero no todos somos cerebros y no todos queremos irnos. Hay otro factor que es el de la responsabilidad, responsabilidad de luchar por tu profesión, un trabajo de vocación en el que crees y por el que te ha merecido la pena hacer sacrificios. Esta salida es dura, pero luchar y denunciar no es llorar.
A los que dicen que la solución es el autoempleo, creo que he dejado más o menos claro que precisamente uno de los principales problemas es el de la saturación. De todos modos, una de las formas de explotación que sufrimos es precisamente esa... la de autoemplearnos para poder acceder a trabajos en los que pierdes las pocas garantías que te quedaban.
Y por último, para los que dicen que las carreras de sociales no tienen salida, que hay que hacer una ingeniería, me voy a guardar los insultos. El 90% de las posibles salidas que podríamos tener las coartan ignorantes como vosotros que por suerte o por desgracia están en las posiciones de decisión. Centrándome en nuestro trabajo, que es más de ciencias y técnicas que muchas ingenierías, a buena parte de los problemas nos arrastráis vosotros, que no valoráis vuestro trabajo ni el de los demás haciendo chapuzas y destruyendo a conciencia un patrimonio que nos pertenece a todos y que podría ayudar mucho a salir adelante a este país. Mientras os importe más el dinero que la calidad estaremos abocados al fracaso, TODOS.
(Y los siento por todos esos ingenieros y gentes de ciencia que de verdad valoran las humanidades y que son capaces de entender situaciones como esta porque algún día las sufrieron o tienen una mínima empatía para con sus semejantes... ojalá todos fueran como vosotros)

5 comentarios:

OLGA dijo...

Hola. Soy arqueóloga desde hace 9 años, y de siempre he vivido y vivo la misma situación: contratos precarios, mileurismos, y una falta de consideración por parte de las autoridades competentes, de las empresas constructoras (para las que he trabajado el 99% de las veces)...
Después de darle muchas vueltas, estar metida en las asociaciones para los convenios y luchar para que en mi puesto de trabajo tengamos unas condiciones dignas, me he dado cuenta de que el problema, no solo está en las administraciones, sino también en nosotros, los propios trabajadores, que consentimos en firmar contratos basura donde no se nos respeta ni nuestra formación, ni nuestros conocimientos y que luego, a la hora de trabajar, se nos exije un nivel de compromiso y responsabilidad para lo que no nos pagan.
Hay que comer, si, pero ¿a qué precio?¿no será mejor dedicarnos a otra cosa antes que vejar así nuestra propia profesión?. Creo que hay que dejar de hacernos las víctimas para empezar a mirarnos también como culpables.

jaime dijo...

Hola Olga,
Estoy completamente de acuerdo en todo. Además creo que es un tema que planteo no como culpa de nadie más que de nosotros y nuestra piratería absurda y falta de corporativismo, comunicación y compromiso.
La parte más llorona, la del final viene motivada por los comentarios de la gente de El País en esta serie de reportajes de (pre)parados.
Cuando hablo de las soluciones no lo cito directamente porque quiero pensar que nuestra situación personal (y colectiva) es resultado del marco de desregulación e indiferencia que nos rodea.
De todos modos todo influye demasiado y la solución no es nada fácil. Hace falta un compromiso que mientras no se asienten determinados aspectos es imposible de conseguir...
¿Qué más puedo decir? Que no hay que dejarlo, hay que seguir luchando en la medida de nuestras capacidades para mejorar esta situación.

Anónimo dijo...

Hola Jaime. En primer lugar enhorabuena por tu trabajo en el blog y, sobre todo, creando una empresa. He llegado desde un comentario en un diario digital.
Soy ingeniero, también tengo una pequeña empresa, y creo que la solución a este caos en el que está sumergida la sociedad es el autoempleo. Pero no crear una consultora como los demás, porque hay que competir en honorarios (que son libres, ya no se puede establecer mínimos en los colegios), plazo, calidad y satisfacción del cliente (que desgraciadamente no siempre es lo mismo), etc.
Hay que innovar, sea en servicios, sea en productos, sea en sinergias... Mi problema es que mi ingeniería es una más. Estamos tratando de innovar, pero no es fácil. Hace falta tiempo y dinero (con lo cual son dos veces dinero). Y además asumir el riesgo de que te puedes equivocar y perder tu tiempo y dinero.
Un saludo y mucha suerte.

Jaime Almansa Sánchez dijo...

Hola Anónimo,
Gracias por entrar al blog e interesarte.
Te comprendo bien. El objetivo de mi empresa desde que la creé en enero era precisamente innovar. Nueve meses después, me encuentro con unas pérdidas importantes, a punto de desfallecer y pujando en el libre mercado por lo de siempre. Los 'aditivos' no sirven de nada. Y la falacia de la innovación en este país es grave. Pero los que trabajamos en lo nuestro por vocación y con ganas no tenemos otra salida que arruinarnos intentando mejorar nuestra profesión hasta que consigamos algo o no tengamos más remedio que dejarlo o emigrar.
Un saludo y mucha suerte también a ti.

Davidviso dijo...

Gran entrada Jaime,

A esta valoración que haces del hundimiento de nuestro sector profesional, yo no le quitaría ni una sóla coma. Añadiría, quizá, un tema más: la total desconexión de la universidad y los docentes universitarios con la realidad laboral de sus egresados.